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La Sainte Chapelle (2003)
Acuarela



A mediados del siglo XIII, el emperador de Constantinopla Balduino Courtenay decidió poner como aval para unos créditos financieros la supuesta corona de espinas de Cristo que obraba en su poder. En cuanto se enteró de esto, el rey Luis IX de Francia se apresuró a comprar la reliquia y llevársela a París, donde construyó la hermosa Sainte Chapelle con el único objetivo de atesorar el objeto. Pocos visitantes de París se enteran apenas de que este mágico lugar existe; muchos otros no acceden al interior de un edificio más bien feo en el exterior. Craso error. La Sainte Chapelle, a pesar de su escaso tamaño, es uno de los monumentos más impresionantes del mundo : una explosión de colores y de luz que hace a quien se anime a entrar partícipe de una experiencia maravillosa. Una experiencia que rebosa arte por todos lados.



Viajé a París en 2003 por penúltima vez hasta la fecha, y este cuadro fue uno de los muchos que me sugirió la visita. Sin lugar a dudas, la Ciudad de la Luz siempre inspira.